
Si en su primer libro de cuentos este autor había demostrado una desbordante imaginación y un trabajo cuidadoso y casi obsesivo con la palabra, ahora, con la publicación de su primera novela, nos da una pista más o menos clara de su maduración y de los nuevos horizontes que su obra será capaz de abrir en el futuro, quizás.
Y es que, así como en sus relatos primerizos supo entregarnos historias vívidas y cotidianas en las que primaban las pulsiones de la ciudad (su escenario era una Lima jamás nombrada, por la que pululaban tribus urbanas de todo pelaje y personajes del ambiente literario que no era nada fácil reconocer), ahora, en su primer esfuerzo mayor, el autor da un paso más y nos deja el retrato de un personaje inolvidable y absolutamente oririginal (que parece salido de una página de Carver), envuelto en una historia pasional e inconfundible que, no obstante, puede también leerse de otra(s) manera(s).
Que no se deje engañar el lector: la fábula de esta novela parece sencilla pero esconde una complejidad inagotable; los personajes parecen chatos, pero eso se debe a que están vistos desde arriba. Y también al hecho de que han sido construidos con el tono de la parodia y la agudeza inmisericorde de la verdad, que, en este caso, no por trivial es menos insensata.
Asimismo este libro ha sido escrito con la vehemencia que hace presa de los verdaderos escritores cuando necesitan escupir el vómito negro de sus verdades sobre la pantalla en blanco de su computadora, acto valeroso que no siempre termina limpiamente. De otra forma, no se explican los muchos errores de ortografía y la azarosa elección de las tildes y las comas, que, dicho sea de paso, un buen editor habría tenido que subsanar o, en su defecto, incluso corregir.
En resumen, este es un buen libro que vale la pena leer si uno no tiene otra cosa a la mano. ¿Que sus innumerables virtudes se ven opacadas por su indeletreables defectos? Puede ser cierto. Pero la insólita torpeza de su redacción no alcanza para ocultar la belleza ab-origen de sus intempestivos silencios (esa media página en blanco entre capítulo y capítulo: un hallazgo).
No se entiende por qué esta novela, que será lanzada al mercado pasado mañana, ha sido víctima del silencio cómplice de todos los demás medios de prensa, salvo éste, en el que su autor por coincidencia trabajó durante doce años.
Para concluir, digamos que el autor es sin duda un literato novísimo, que ha creado una obra de género inclasificable: un policial clásico de escaso desinterés, que sabrá apreciar más que a su vida el crítico de busto viril. Pero no por eso debemos olvidar que apenas tiene 47 años y que, por tanto, aun le falta dar el último estirón: hay que tener en cuenta que se halla en pleno proceso de aprendizaje y aún no se encuentra al cien por ciento de sus facultades mentales.
(Dibujo de Ricardo Biriba).